Los impulsos anticrisis

Si miramos a sus abuelos, aquellos hombres y mujeres que en los años 30 y 40 se fueron con su maleta a las Américas, podemos entender por qué ahora sus nietos, esos jóvenes que deciden irse al extranjero, tienen en su genética ese “impulso aventurero”. Y es que tanto unos, como otros, no pudieron luchar contra el Willy Fog que llevaban dentro. Eso sí, otros tantos desdichados, como la Secretaria de Estado de Inmigración, sí que se vieron obligados a luchar contra este impulso vital y tuvieron que quedarse en España, cobrando el sueldo de todos, el de los aventureros y el de los desventurados.

Nosotros, la supuesta generación más preparada de la historia, nos vamos porque queremos tener las oportunidades que durante tantos años nos motivaron a estudiar, a esforzarnos, esperando la recompensa que tanto nos habían asegurado. Nos vamos porque aquí no nos dejan realmente prepararnos para la vida, aplicar nuestros conocimientos, llevarlos a la práctica. Y eso demuestra que no somos la generación más preparada sino la más teórica, la sobre titulada, la que acaba trabajando, con suerte, doblando camisetas mientras cuelga sus diplomas en el cuarto de estar de la casa familiar. Y por ello, algunos queremos irnos y, aún así,  otros muchos queremos quedarnos, pues la aventura es luchar cada día por lo que uno cree que merece. Ése es el impulso, ése es el espíritu

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